Viernes Dando la Nota: Robbie Williams

Ésta semana ha estado llena de emociones. Una de las más grandes ha sido las vacunas de los dos meses de la peque, que nos deportó día y medio de lloros incontrolados. Yo me ponía muy nerviosa porque la escuchaba llorar con tanto sentimiento que partía el alma, pero él insistía en que ella no debía notarnos nerviosos, y a base de cantarla y abrazarla de vez en cunado conseguíamos tranquilizarla y que durmiera un poquitín. Sigue leyendo

Foto Fija: Julio de 2014

No me he olvidado de la Foto Fija mensual… el caso es que no encuentro tiempo para publicarla. La foto la hice uno de los primeros días de mes, y luego me dediqué a mi prioridad: Srta Díaz.

Ésta pequeña es una niña de alta demanda y me deja muy poquito tiempo libre. Al principio no sé si os dije que dormía mucho… ahora no para de reclamar atención, y cuando se ve sola, llora.  A penas me deja hacer las cosas de la casa: cuando no está comiendo, le tengo que cantar, bailamos o salimos de paseo. En realidad supongo que es como cualquier otro niño de su edad y lo que pasa es que todo éste mundo es nuevo para mi.

Pero volvamos a la Foto Fija. Sigue leyendo

Éste fin de semana volvimos a visitar jardines, pero en mi búsqueda del Scavenger Hunt Sunday. No pude completar el reto, pero me quedo con un montón de fotos ¡y un calor! Luego se estropeó el coche y hubo que llamar a la grúa y al taxi… pero ésa es otra historia.

Ésta era la foto buscada para friend(s):SONY DSC

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Viernes Dando La Nota: Se terminó el mundial – Shakira

Quiero volver, pero entre que todas las fotos que tengo son de Srta Díaz haciendo pucheros, risas, posando con sus outfits… y que últimamente demanda más atención de la que hasta ahora había pedido, pues no terminamos de adaptarnos. Ahora mismo debería estar haciendo la casa, pero voy y me entretengo haciendo un dibujo.vdlnTopos

No me gusta el fútbol, pero quería poner alguna canción del mundial porque me recuerdan al verano, porque tienen ritmo y porque aunque ésta vez no se ha dado muy bien… ¡no hay que perder las ganas ni la ilusión!

Ésta canción no es de mis favoritas, pero quiero de empezar a bailar, que la cesárea me dejó sin abdominales, bueno, el embarazo en general. A ver si se me queda el tipín de Shakira (voy a tener que trabajar duro).

La la la – Shakira

El Nacimiento de SrtaDíaz: Parto.

Hoy que hace un mes que la peque está con nosotros como personita independiente, creo que finalmente voy a terminar con toda ésta cantidad de recuerdos que dan vueltas por mi cabeza. Después de la sesión de monitores y la inducción que ya os conté ésta es la parte que más sensible me pone…

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Al firmar para que me pusieran la epidural, poner mi huella en la hoja en la que luego pondrían el piececito del bebé y tomar posesión de ésa sala de dilatación/paritorio pensé que me sentiría mejor, pero casi ni pude tenerme en pié mientras me duchaba, de puro dolor. Recuerdo que en las últimas dos semanas no me había separado del reloj porque quería saber exactamente a qué hora nacía el bebé, pero en ése momento me quité todo y lo dejé medio tirado en el lavabo. Enseguida vino el anestesista y entre él y el enfermero me explicaron de qué iba todo, que no me moviese mucho, que avisase si me venía una contracción…

Uno de mis grandes miedos con respecto al parto, después del dolor (y de ése ya tenía mi dosis) era el momento en el que me pondrían la epidural. La verdad es que no fue tan terrible. El anestesista era muy cariñoso, me avisó al poner la anestesia local, y aunque dolió un poco a la hora de poner el catéter y a la hora de volver a empezar (hubo dos intentos) no estaba siendo tan terrible como yo había imaginado. Ellos hablaron todo el rato intentando distraerme.

Llegados a éste punto y habría preferido poder andar por la habitación, botar en la pelota de pilates y hacer mil fotos… pero nada es como se imagina. Me tenían que poner el antibiótico (por el positivo en estreptococo), tenía que estar tumbada por la epi, y mi madre se había hecho la disimulada y me había requisado el móvil. Además ¡qué demonios! Éso no dejaba de doler y no tenía el chichi para farolillos.

Pasó un rato largo y yo seguía rabiando de dolor. Habían subido la dosis de epidural, o dado un nuevo nosequé para ver si me llegaba pero nada… Al final debieron apiadarse de mi, porque la matrona volvió a preguntarme que exactamente dónde me dolía y si sentía algo dormido. O a lo mejor se asustó de lo quejica que estaba siendo. Yo le dije que podía mover las piernas perfectamente, que la izquierda la notaba algo acolchada, pero que a la altura de dónde alguna vez debería estar el riñón derecho seguía notando ése horrible dolor… y a ella se le ocurrió que quizá tenía algo en la cadera que no dejaba llegar bien el efecto analgésico, y me dejaron obligaron a ponerme de lado… ¡y mano de santo! Durante una hora estuve tranquila, relajada y sin dolores. El Sr. Díaz salió a comer, cuando volvió le pedí que hiciese alguna foto (salgo tan horrible que por supuesto no lo compartiré) y aquello se hizo más soportable.

IMG-20140612-WA0008Ésta es la cunita que estaba esperando a que el bebé llegase, con su body, su gorrito, su pañal y todo lo necesario para un primer vistazo rápido al recién nacido por parte de las matronas.

El Sr. Díaz pudo estar en todo momento conmigo menos en el pinchazo. Fue un gran apoyo y me alegro que estuviese ahí, cuidándome. No tuve plan de parto y en ningún momento me ofrecieron enema, ni ocurrió nada raro, ni me depilaron con una cuchilla horrible como he leído en algunas crónicas de partos por internet. Todo el mundo me trató muy bien, e incluso en la reanimación del postparto. En todo momento me sentí respetada, y es algo que veo muy positivo del hospital que nos tocó (aunque podrían haberse dado cuenta antes de que tenía que estar tumbada de lado).

Pero entonces se despertó un dolor nuevo. Me dolía el culo, volví a notar cada contracción. La matrona tenía mucho jaleo, pero tras explorarme dijo que estábamos de 7 y medio, y que si quería podía empezar a empujar por mi cuenta cada vez que tuviese una contracción. Volvió ése dolor tan fuerte y el Sr. Díaz, que había visto muchas películas, me dio la mano y me dijo que le apretase todo lo que quisiese… ¡el pobre!

Rompí aguas y desde ése momento todos mis recuerdos están algo difusos. Volví a gritar de dolor. La matrona y un enfermero transformaron la cama en un visto y no visto y allí que estaba yo empujando. El Sr. Díaz decía que estaba muy orgulloso de mi, que lo hacía muy bien (¡Qué va a decir el papá de la criatura!). Empujamos, y empujamos, la matrona me animaba, empujamos de nuevo, una y otra vez.

El dolor en el culete resultó ser porque la peque tenía la cabeza colocada al revés y apretaba en la parte baja de la columna en cada contracción. Pero ése no fue el único problema. Al parecer la placenta estaba muy alta, el cordón se enrolló no sé dónde y por mucho que empujaba el bebé no bajaba nada. En un momento la sala se llenó de gente, las dos matronas, las dos ginecólogas, los enfermeros, el anestesista… Tras la exploración, una de las gines me dijo que ahí empezaba a haber sufrimiento fetal, y que sin más remedio íbamos a tener una cesárea de urgencia.

¡Fue un susto terrible! Ver la cara pálida del Sr. Díaz, a todos preocupados diciendo: <<Vamos, vamos>>.

¿Sabéis las series de médicos? Me taparon con una sábana un poco y en la misma cama rodeada de gente empecé a ver luces, pasillos, puertas, todo en una gran carrera hasta el quirófano. Ayudé a cambiarme de camilla con las piernas (seguía sintiendo todo) y me preguntaron qué cuánto llevaba sin comer. Dije que desde el desayuno y mientras decían que me dormirían un poco y me ponían el oxígeno dejé de estar asustada para entrar en un sueño profundo.

Desperté a las dos horas en la sala de reanimación, pero me tuvieron allí otra hora más porque había tenido una hemorragia muy fuerte. Volví a dormirme, sin ganas de nada mientras me ponían cosas en el goteo, mantas, una especie de tubo por el que salía aire caliente (estaba helada). Escuché entre sueños que el bebé estaba bien, que me habían sacado también un mioma y que tendría que esperar un poco más allí.

No sentí dolor, estaba en una nube, aislada del mundo real. En cierto modo me vi tranquila, porque a principios del embarazo lo soñé, lo había olvidado pero soñé que todo terminaría así con mioma incluido, a pesar de que no lo habían visto en ninguna de las revisiones anteriores. Suena extraño, pero entre el mar de drogas que tendría encima en ése momento, una parte de mi no podía parar de repetir: <<lo sabia>> en tono extrañamente triunfal.

Lo único que me pesa es que la peque nació con hipotermia y la llevaron rápidamente a neonatos. No pudo hacer el famoso piel con piel ni conmigo ni con el papá, y pasó un mal rato ella sola en la incubadora hasta que la llevaron a la habitación. Por supuesto, todo el mundo la vio antes que yo.

Mi pobre pequeñina que lloraba desconsolada al sentirse sola, y a la que no pudieron ni poner la pulserita con el nombre porque tenía la piel tan fría que se le escurría. El Sr. Díaz dice que tardamos 5 minutos en salir del quirófano, cada una por un lado y que se asustó porque no sabía a quién seguir.

Pero todo éso ya pasó. Antes del cambio de turno, las dos ginecólogas pasaron a verme, me preguntaron que si tenía alguna duda, que el bebé estaba bien, 3820g (y yo aún con la duda de si sería niña) y me explicaron más o menos la urgencia de la cesárea. No quise saber ni cuántos puntos tenía ni nada. Ya lo vería.

Todo el camino hasta la habitación estuve muy nerviosa, mirando al techo desde mi cama. Cuando llegamos allí estaba mi madre con dos de mis cuñadas, y la peque en su cunita transparente… tan grande, tan rosada, tan preciosa…

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El Nacimiento de SrtaDíaz: Inducción.

La noche antes de la inducción, parece que mi cuerpo supo lo que se le venía y empecé con contracciones. Dolían un poco, pero respirando profundamente pasaban, y no eran tan frecuentes como para ir a urgencias. Yo estaba contenta pensando que si empezaba ya en casa, el trabajo estaría algo más hecho y sería menos medicalizado, pero llegó la mañana sin novedad. Desayuné bien, como me recomendó la ginecóloga, pero demasiado pronto porque de los nervios no podía comer.

El viernes entré pronto al hospital. Mi madre me acompañaba, muy asustada. Para ella inducción era sinónimo de cesárea, y éso era lo peor que le podía ocurrir a alguien. Yo iba como quien no sabe qué va a pasar… casi feliz, nerviosa, era una sensación rara, como de ser otra persona, un mero observador.

Firmé los papeles para la inducción y ya me preguntaron el nombre de la niña, los apellidos, como si fuese ya todo cosa hecha. Y yo seguía sin creerlo, por supuesto. Pasamos un rato en el box de monitorización, con otra chica y su madre, lo que le vino muy bien a la mía [le encanta hablar con la gente]. Al principio me dejaron estar en un sofá en vez de en una camilla, y la verdad es que la diferencia es muy grande. Luego no sé qué vieron en el resultado de la máquina, que volvieron a ponerme el tensiómetro y el medidor de oxígeno.

Al pasar a la consulta, tras el tacto [y aquí tengo que aclarar que a mi los tactos no me dolieron hasta el momento, que muchas chicas se quejan de lo doloroso que es... pero en mi caso no fue así], comenzamos con la inducción propiamente dicha. Estábamos igual de verdes que el miércoles, así que pasamos al própex, o inducción por prostaglandinas. Ahí si que fue incómodo porque lo pretendían poner bien arriba y éso es como una tira de tela larga. Pero vamos, que no me acuerdo mucho porque fue menos de un minuto. Luego de vuelta a monitores, castigada en la camilla porque sentada no se captaba bien el latido… vuelta al dolor de espalda, el tensiómetro echándome pulsitos, el control de oxígeno en sangre. Pasó mucho rato, cambió mi compañera de box, llegó al fin el Sr. Díaz…

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Como a la una de la tarde ya se olía a comida por los pasillos, y a mi me prometieron una bandeja, porque ya me habían asignado habitación y podría pasar el resto del tiempo allí. Ellos estimaban que podía pasar un día entero hasta que empezase a dilatar… pero vamos, que en cuanto me subieron a la habitación (en una sección diferente a la de maternidad porque ése día el hospital estaba al completo por el babyboom de la luna llena) la cosa empezó a ponerse dolorosa. Es el dolor más horrible que puedo recordar hasta el momento. No podía estar de pie ni tumbada, sólo retorcerme de dolor… no paraba de pensar que ni uno más. Creo que estuvimos así una hora hasta que el Sr. Díaz no pudo aguantar más y llamó a las enfermeras. Tenía contracciones dolorosísimas cada minuto. Y reconozco que no me corté ni un pelo y gritaba y berreaba fuera de control porque era lo único que me hacía sentir mejor. Las graciosas de las enfermeras de planta llamaron a paritorio, pero tuvieron la cortesía de preguntar antes si ya no quería comer.

A ésas alturas ni hambre, ni sed, ni leches. Solo quería tener al bebé YA.

Me volvieron a reconocer y había dilatado 3cm y medio, todo estaba en marcha, y tras sacar el propex me asignaron un box de dilatación y me preguntaron si quería epidural… mi respuesta fue que si éso iba a seguir doliendo así, que dónde había que firmar.