Nosotros.

Querida abuela,

Ayer fuimos otra vez al cementerio. Era ya por la tarde, y las nubes más oscuras que nos acompañaron toda la mañana se fueron, para que pudieras encontrar mejor tu camino hacia el cielo.

En el tanatorio la tensión aumentó cuando se acercó el momento de la misa. Algunos parecían ansiosos. Recuerdo vagamente como decían que ya no ibas a sufrir más y que hace tiempo que querías irte, pero yo no estaba tan segura.

Tu nieta mayor repetía: “Pobrecita, pobrecita… pobrecitas las dos“. Tu y yo sabemos qué significa.

El coche fúnebre iba deprisa, porque no querían que anocheciera y aunque la comitiva murmuraba, no escuchaba bien sus palabras. Yo iba imaginándome que al volver a casa, estarías en tu sillón y tus ojitos vivarachos me sonreirían a la vez que tu boca pequeñita me diría: ‘Hola hija‘ dulcemente.

Recuerdo el tono de tu voz. ¡Conmigo siempre fuiste tan cariñosa!  Los últimos días en el hospital estabas tan tranquila. Ya no hablabas nada más que palabras sueltas, pero incoherentes. Seguro que ya habías dicho todo lo que tenías que decir.

Cuando me dejaron verte antes de cerrar el ataúd creo que monté una escena de llanto y sollozos, pero no pude evitarlo. Me sacaron de allí, todos me miraban. No me hago a la idea de que ya no estarás más por aquí, ni podrás contarme algún recuerdo de cuando vivías en fuera de España.

Tu hermana se aseguró de que todo estaba perfecto: Los ramos, las velas, lo recordatorios… todos los nietos te compramos una corona de rosas rojas y blancas, como la del abuelo… ¿Te acuerdas de como era?

Me emocioné de nuevo cuando todos cogimos una rosa, y con un beso la dejamos caer sobre el ataúd. Tu hijo, tus nietos… fue un gesto muy espontáneo que no recordaba de otros entierros, no. Cuando llevamos al abuelo yo sólo me preocupaba por tí, por abrazarte, por que no te sintieses sola. Es muy difícil ser fuerte ahora que ya no tengo para quién.

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Creo que ésto es un punto y aparte en nuestras vidas. Tú eras quién unía todo, y ahora que te fuiste… Va a ser difícil que exista un nosotros.

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9 thoughts on “Nosotros.

  1. Cómo lamento leer tanto amor en una entrada tan triste… creo que eternamente vivirá en ti por cómo has redactado el texto, y creo que hay que canalizarlo así, con la admiración de quien dejó una huella tan bella en su camino. Siempre digo que no temo a la muerte, sino a no haber sido lo suficientemente amorosa para no dejar ese tipo de huella.
    Muy sensible me siento, ahora, muy frágil, pero querría acabar el comentario con un deseo para ti: coge su estela.
    Un abrazo de corazón!

  2. Señora, creo que con los recuerdos tuyos, y el buen hacer de la abuela, aunque ella ya no esté, seguro que serás capaz de mantener ese lazo de unión con todos. Por mucho que ella falte, estoy segura que seguirá estando esa buena voluntad.
    Besos

  3. Lamento mucho su perdida, No tengo palabras correctas que uno desea oír en momentos así, creo que no lo clavaría como lo ha hecho ¡Mama qué sabe!, que hasta a mi me ha llegado con ese Deseo….

Un comentario tuyo me haría muy feliz.

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