Maniobra de Kristeller en el parto

Hemos estado en el hospital viendo al nuevo bebé de unos amigos. Es una niña preciosa, redondita y sonrosada.

A las cuatro de la mañana la mamá rompió aguas en casa y se fueron al hospital. A las tres de la tarde entraron en la sala de dilatación y a las nueve de la noche ya eran tres los que estaban en el paritorio (además del personal sanitario) dispuestos a pasar las primeras dos horas de la vida de la pequeña juntos. Mientras, en la sala de espera se arremolinaban familiares y amigos deseando saber algo de la nueva familia.

Nosotros fuimos dos días después, acompañándoles mientras esperaban el alta del bebé y escuchamos el relato de los padres, medio despistados (todos) por las sonrisas involuntarias del bebé.

El parto fue largo y doloroso, más de lo que ella esperaba, pero dice que se acordó de mi y de lo que yo le conté en su momento.

¡Es curioso pero yo lo había olvidado!

Al parecer la niña no quería salir. A la madre le costó dilatar a pesar de haber roto la bolsa y del tiempo que había pasado, y llegó un momento en el que estaba tan cansada que no tenía fuerzas para empujar y se quedaba a medias, a pesar de que la cabeza de la niña ya estaba fuera.

Me sorprendió la libertad que tubo durante el parto, pues pudo elegir postura (éso debería, pero no es siempre así), y pudo ponerse en un columpio incluso, hasta que encontró la forma más cómoda para ella. A pesar de todo usaron ventosa y la matrona le dijo que iba a apretarle la barriga desde arriba para ayudar.

Ahí fue cuando yo me escandalicé ¡Una maniobra de Kristeller!

He tenido que investigar un poco, yo tenía entendido que tal y como explican en éste artículo desde el parto es nuestro que no es recomendable.

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Pero te encuentras con que a pesar de todo en muchas otras webs, casi hasta justifican su empleo en la fase final del parto. En éste caso fue informado y consentido, pero ¡cuantas veces se habrá realizado sin preguntar! A mi desde luego me pone los pelos de punta. Te encuentras ahí después de muchas horas, sin fuerza y te dicen que es la única forma… ¿Y qué puedes hacer?

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¡Vamos a comer!

Tenía pendiente ésta entrada desde hace un montón. No es informativa, no os va a servir de nada… ¡pero a mi me encanta!

Os voy a enseñar los menúes que tuve en el hotel hospital tras el parto. Fue cesárea y es dieta blanda de fácil digestión baja en sal, pero salvo un día en el que todo estaba sosísimo, comí divinamente… sobre todo el día que volví a casa, que como el pediatra se perdió y no nos daban el alta pude comer allí ¡una hamburguesa!

Pero ya sabéis que yo soy más de reportajes fotográficos que de palabras.

Viernes.

Desayuno en casa no muy abundante por los nervios, y hasta que nace SrtaDíaz habré dado un par de traguitos de agua… en la primera revisión postparto de madrugada me indican que ya puedo empezar a beber otra vez, que me van a quitar el suero y la sonda.

Sábado.

8.30 DESAYUNO. Leche desnatada, descafeinado (que cambié por cacao) y galletas con mermelada. De fondo tenéis a la bendita de SrtaDíaz durmiendo en su cuna transparente.

4_16613990062882819113.30 COMIDA. Consomé de verduras, tortilla francesa y ensalada de caracolas. De postre manzana asada.2014-05-17 13.28.43

220.30 CENA. Ensalada de pasata (de nuevo) y cazuelita de ventresca de-li-ci-o-so. De postre yogur.2014-05-17 20.35.11Domingo.

13.30 COMIDA. El desayuno se repitió. Sopita Maravilla (de puntitos) y filetito de ternera. De postre manzana asada. Ésta fué la única comida que no me gustó nada. La sopa sabía peor que el agua y el filete era demasiado soso.2014-05-18 13.33.42 16.30 MERIENDA. Igual que los desayunos.2014-05-18 16.42.32

220.30 CENA. Sopa de tomate y pollo rustido. Yogur.2014-05-18 20.10.57

Lunes.

El Alta de SrtaDíaz no llega y a mi me traen la comida. Pues ya que estoy… Crema de calabacín y Hamburguesa en salsa, lo más delicioso que había probado hasta el momento. Manzana asada, pero asada de verdad, no de refrigerado.2014-05-19 13.28.36

 Cuando SrDíaz estuvo ingresado el año anterior en el mismo hospital no tuvo dieta especial, y cada día le pasaban un papel para elegir el menú. Yo no tuve ésa opción, pero no me importó nada. Creo que además de estar bueno, la dieta me sirvió para perder peso más rápidamente la primera semana. Si no fuese por los pincházos y los análisis, y bueno, la herida… ¡qué demonios! Estuve genial en el hospital.

Lactancia Materna: SrtaDíaz eligió tetamen.

Hace mucho que no os hablo sobre mi lactancia. Hoy me he despertado con la impresión de que ésta época se termina y me he sentido triste. No es que la peque deje de querer todavía, pero es el momento de empezar en serio con la Alimentación Complementaria y éso significa que mi cordón umbilical psicológico se va a empezar a romper un poquito más para dar paso a la independencia de SrtaDíaz.

ombligoÉste es el cordón umbilical real, que se cayó a los 20 días.

Ya os conté aquí cómo fue elegí tetamen, pero no os había contado nada sobre ésos primeros días…

Después del primer abrazo a la peque tras mi llegada de la sala de reanimación, la enfermera y la matrona pidieron a las visitas que se fueran y me preguntaron si quería dar el pecho. Como mi respuesta fue afirmativa, tras revisar que tenía calostro (y al parecer en buena cantidad) me ayudaron a ponerme de lado y a coger el pezón como de pellizco para que Srta Díaz se enganchara bien… y así fue. No os lo puedo describir, pero imaginad que sentí que aquello era algo completamente mágico. Estabamos tumbadas ambas en la cama, sentía su cuerpo calentito y la miraba asombrada de que con unas horas de vida ya supiese lo que tenía que hacer.

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Ésa noche la pasé regular. Recién cosida, y con el runrun de las enfermeras ‘no dejes pasar más de tres horas‘ ‘Diez minutos mínimo a cada pecho‘ ‘Despiértala si se duerme‘. Estar de lado ya me dolía una barbaridad, pero encima estar despertando a la peque y obligándola a comer cuando lo que queríamos las dos era dormir era un pequeño suplici. Al día siguiente me dolían los pezones cosa fina.

Empecé a pensar en las pezoneras. Afortunadamente me quitaron la vía y la sonda y me pude incorporar. Debo reconocer que no me dolían, pero me apetecía moverme y ducharme. La siguiente postura que me recomendaron fue el balón de rugby y ésa sí que triunfó. De todas formas, entre las visitas, que yo aún no me apañaba y el pudor que aún no me había quitado a las miradas ajenas pasé bastantes malos ratos ése día.

Al segundo día la peque vomitó dos veces, y parecía no querer el pecho. Hubiése sido muy fácil abandonar… pero insistí. Las enfermeras se llevaron a la peque y resultó que tenía el estómago lleno: no había hecho su primera caca todavía y tenía un gran atasco. La limpiaron y terminaron todas nuestras incopatibilidades durante la estancia en el hospital.

Imagen vista en Bialactis

Los primeros días allí me sentí muy torpe, SrDíaz fué quién se encargó de los primeros pañales, el primer body, el primer baño… mientras yo me debatía entre las hormonas y los mil y un consejos que la gente me daba y que ahora sé que no debería haber escuchado. Ánimo a todas las futuras mamás, no es tan difícil como parece, sólo hay que escuchar al instinto y tener paciencia porque el bebé y vosotras iréis aprendiendo sobre la marcha. Y si te sientes mal, es totalmente comprensible ¡hay muchas hormonas revueltas en ésos momentos!

Una noche SrtaDíaz lloraba desconsolada y SrDíaz dijo que le pusieramos el chupete, pues lloré yo también pensando que era una mala madre que no sabía darle a mi bebé lo que quería y que por culpa del chupete ella no volvería a querer el pecho. Me daba pena de que todo el mundo la abrazase y yo no… pero ésa ya es otra historia, que quizá deba ser contada junto a la subida de la leche y las primeras crisis de lactancia. Porque las hubo, pero ahora pienso que es lo mejor que nosotras pudimos hacer.

A pesar de todo, la SrtaDíaz con horas de vida y la SrtaDíaz de 6 meses han preferido teta a chupete o biberón. Se engancha perfectamente incluso a oscuras porque no les hace falta ver… ¡tienen súperolfato!

Lactancia Materna: De porqué elegí… Tetamen.

Sí, elegí tetamen. Desde el momento cero supe que quería dar el pecho a mi bebé, aún cuando todavía tenía el tamaño de una frabuesa. Y lo supe porque era lo natural, lo que yo había visto en mi familia desde pequeña. Con ésto no quiero decir que piense que dar el biberón a un recién nacido sea peor, porque sencillamente no lo he probado y hay muchos bebés preciosos que se han criado bien de ésa manera. Cada mujer y cada bebé son diferentes y lo que a unos les va bien, no es lo mismo para otros.

wpid-wp-1410938298466.jpegLa Quiles

Tenía mis miedos… como el ‘Si no sabré...’, el ‘Si dolerá‘, o el ‘Si no tendré leche...‘. Y como hago con todo, saqué mi lista de pros y contras, pero no sirvió de nada, porque en mi cabeza repetía una y otra vez que ése bebé en camino sería de teta.

Lo último que tenía grabado en la cabeza eran post de bloggers en los que había leído de dificultad, grietas, mastitis y pezoneras, algo no demasiado alentador.

Como la ley de Murphy siempre se me aplica, en mi primer grupo pre-parto todas eran mamás por segunda vez pro-biberón y me perdí justamente la charla de la matrona sobre lactancia que me faltaba.

Llegué al parto con muy poca idea. Con mi madre no he hablado del tema, y mis únicas referencias eran aquellas imágenes lejanas de mis primos al pecho y los consejos que me dio mi médica de cabecera un par de días antes:

  • La lactancia no debe doler.
  • Intenta que el bebé abra completamente la boca.
  • Si duele, rompe el vacío de la boca con un dedito, y vuelve a intentarlo.
  • Mucha tranquilidad.

Pero estaba decidido…

(Continuará)

El Nacimiento de SrtaDíaz: Parto.

Hoy que hace un mes que la peque está con nosotros como personita independiente, creo que finalmente voy a terminar con toda ésta cantidad de recuerdos que dan vueltas por mi cabeza. Después de la sesión de monitores y la inducción que ya os conté ésta es la parte que más sensible me pone…

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Al firmar para que me pusieran la epidural, poner mi huella en la hoja en la que luego pondrían el piececito del bebé y tomar posesión de ésa sala de dilatación/paritorio pensé que me sentiría mejor, pero casi ni pude tenerme en pié mientras me duchaba, de puro dolor. Recuerdo que en las últimas dos semanas no me había separado del reloj porque quería saber exactamente a qué hora nacía el bebé, pero en ése momento me quité todo y lo dejé medio tirado en el lavabo. Enseguida vino el anestesista y entre él y el enfermero me explicaron de qué iba todo, que no me moviese mucho, que avisase si me venía una contracción…

Uno de mis grandes miedos con respecto al parto, después del dolor (y de ése ya tenía mi dosis) era el momento en el que me pondrían la epidural. La verdad es que no fue tan terrible. El anestesista era muy cariñoso, me avisó al poner la anestesia local, y aunque dolió un poco a la hora de poner el catéter y a la hora de volver a empezar (hubo dos intentos) no estaba siendo tan terrible como yo había imaginado. Ellos hablaron todo el rato intentando distraerme.

Llegados a éste punto y habría preferido poder andar por la habitación, botar en la pelota de pilates y hacer mil fotos… pero nada es como se imagina. Me tenían que poner el antibiótico (por el positivo en estreptococo), tenía que estar tumbada por la epi, y mi madre se había hecho la disimulada y me había requisado el móvil. Además ¡qué demonios! Éso no dejaba de doler y no tenía el chichi para farolillos.

Pasó un rato largo y yo seguía rabiando de dolor. Habían subido la dosis de epidural, o dado un nuevo nosequé para ver si me llegaba pero nada… Al final debieron apiadarse de mi, porque la matrona volvió a preguntarme que exactamente dónde me dolía y si sentía algo dormido. O a lo mejor se asustó de lo quejica que estaba siendo. Yo le dije que podía mover las piernas perfectamente, que la izquierda la notaba algo acolchada, pero que a la altura de dónde alguna vez debería estar el riñón derecho seguía notando ése horrible dolor… y a ella se le ocurrió que quizá tenía algo en la cadera que no dejaba llegar bien el efecto analgésico, y me dejaron obligaron a ponerme de lado… ¡y mano de santo! Durante una hora estuve tranquila, relajada y sin dolores. El Sr. Díaz salió a comer, cuando volvió le pedí que hiciese alguna foto (salgo tan horrible que por supuesto no lo compartiré) y aquello se hizo más soportable.

IMG-20140612-WA0008Ésta es la cunita que estaba esperando a que el bebé llegase, con su body, su gorrito, su pañal y todo lo necesario para un primer vistazo rápido al recién nacido por parte de las matronas.

El Sr. Díaz pudo estar en todo momento conmigo menos en el pinchazo. Fue un gran apoyo y me alegro que estuviese ahí, cuidándome. No tuve plan de parto y en ningún momento me ofrecieron enema, ni ocurrió nada raro, ni me depilaron con una cuchilla horrible como he leído en algunas crónicas de partos por internet. Todo el mundo me trató muy bien, e incluso en la reanimación del postparto. En todo momento me sentí respetada, y es algo que veo muy positivo del hospital que nos tocó (aunque podrían haberse dado cuenta antes de que tenía que estar tumbada de lado).

Pero entonces se despertó un dolor nuevo. Me dolía el culo, volví a notar cada contracción. La matrona tenía mucho jaleo, pero tras explorarme dijo que estábamos de 7 y medio, y que si quería podía empezar a empujar por mi cuenta cada vez que tuviese una contracción. Volvió ése dolor tan fuerte y el Sr. Díaz, que había visto muchas películas, me dio la mano y me dijo que le apretase todo lo que quisiese… ¡el pobre!

Rompí aguas y desde ése momento todos mis recuerdos están algo difusos. Volví a gritar de dolor. La matrona y un enfermero transformaron la cama en un visto y no visto y allí que estaba yo empujando. El Sr. Díaz decía que estaba muy orgulloso de mi, que lo hacía muy bien (¡Qué va a decir el papá de la criatura!). Empujamos, y empujamos, la matrona me animaba, empujamos de nuevo, una y otra vez.

El dolor en el culete resultó ser porque la peque tenía la cabeza colocada al revés y apretaba en la parte baja de la columna en cada contracción. Pero ése no fue el único problema. Al parecer la placenta estaba muy alta, el cordón se enrolló no sé dónde y por mucho que empujaba el bebé no bajaba nada. En un momento la sala se llenó de gente, las dos matronas, las dos ginecólogas, los enfermeros, el anestesista… Tras la exploración, una de las gines me dijo que ahí empezaba a haber sufrimiento fetal, y que sin más remedio íbamos a tener una cesárea de urgencia.

¡Fue un susto terrible! Ver la cara pálida del Sr. Díaz, a todos preocupados diciendo: <<Vamos, vamos>>.

¿Sabéis las series de médicos? Me taparon con una sábana un poco y en la misma cama rodeada de gente empecé a ver luces, pasillos, puertas, todo en una gran carrera hasta el quirófano. Ayudé a cambiarme de camilla con las piernas (seguía sintiendo todo) y me preguntaron qué cuánto llevaba sin comer. Dije que desde el desayuno y mientras decían que me dormirían un poco y me ponían el oxígeno dejé de estar asustada para entrar en un sueño profundo.

Desperté a las dos horas en la sala de reanimación, pero me tuvieron allí otra hora más porque había tenido una hemorragia muy fuerte. Volví a dormirme, sin ganas de nada mientras me ponían cosas en el goteo, mantas, una especie de tubo por el que salía aire caliente (estaba helada). Escuché entre sueños que el bebé estaba bien, que me habían sacado también un mioma y que tendría que esperar un poco más allí.

No sentí dolor, estaba en una nube, aislada del mundo real. En cierto modo me vi tranquila, porque a principios del embarazo lo soñé, lo había olvidado pero soñé que todo terminaría así con mioma incluido, a pesar de que no lo habían visto en ninguna de las revisiones anteriores. Suena extraño, pero entre el mar de drogas que tendría encima en ése momento, una parte de mi no podía parar de repetir: <<lo sabia>> en tono extrañamente triunfal.

Lo único que me pesa es que la peque nació con hipotermia y la llevaron rápidamente a neonatos. No pudo hacer el famoso piel con piel ni conmigo ni con el papá, y pasó un mal rato ella sola en la incubadora hasta que la llevaron a la habitación. Por supuesto, todo el mundo la vio antes que yo.

Mi pobre pequeñina que lloraba desconsolada al sentirse sola, y a la que no pudieron ni poner la pulserita con el nombre porque tenía la piel tan fría que se le escurría. El Sr. Díaz dice que tardamos 5 minutos en salir del quirófano, cada una por un lado y que se asustó porque no sabía a quién seguir.

Pero todo éso ya pasó. Antes del cambio de turno, las dos ginecólogas pasaron a verme, me preguntaron que si tenía alguna duda, que el bebé estaba bien, 3820g (y yo aún con la duda de si sería niña) y me explicaron más o menos la urgencia de la cesárea. No quise saber ni cuántos puntos tenía ni nada. Ya lo vería.

Todo el camino hasta la habitación estuve muy nerviosa, mirando al techo desde mi cama. Cuando llegamos allí estaba mi madre con dos de mis cuñadas, y la peque en su cunita transparente… tan grande, tan rosada, tan preciosa…

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El Nacimiento de SrtaDíaz: Inducción.

La noche antes de la inducción, parece que mi cuerpo supo lo que se le venía y empecé con contracciones. Dolían un poco, pero respirando profundamente pasaban, y no eran tan frecuentes como para ir a urgencias. Yo estaba contenta pensando que si empezaba ya en casa, el trabajo estaría algo más hecho y sería menos medicalizado, pero llegó la mañana sin novedad. Desayuné bien, como me recomendó la ginecóloga, pero demasiado pronto porque de los nervios no podía comer.

El viernes entré pronto al hospital. Mi madre me acompañaba, muy asustada. Para ella inducción era sinónimo de cesárea, y éso era lo peor que le podía ocurrir a alguien. Yo iba como quien no sabe qué va a pasar… casi feliz, nerviosa, era una sensación rara, como de ser otra persona, un mero observador.

Firmé los papeles para la inducción y ya me preguntaron el nombre de la niña, los apellidos, como si fuese ya todo cosa hecha. Y yo seguía sin creerlo, por supuesto. Pasamos un rato en el box de monitorización, con otra chica y su madre, lo que le vino muy bien a la mía [le encanta hablar con la gente]. Al principio me dejaron estar en un sofá en vez de en una camilla, y la verdad es que la diferencia es muy grande. Luego no sé qué vieron en el resultado de la máquina, que volvieron a ponerme el tensiómetro y el medidor de oxígeno.

Al pasar a la consulta, tras el tacto [y aquí tengo que aclarar que a mi los tactos no me dolieron hasta el momento, que muchas chicas se quejan de lo doloroso que es… pero en mi caso no fue así], comenzamos con la inducción propiamente dicha. Estábamos igual de verdes que el miércoles, así que pasamos al própex, o inducción por prostaglandinas. Ahí si que fue incómodo porque lo pretendían poner bien arriba y éso es como una tira de tela larga. Pero vamos, que no me acuerdo mucho porque fue menos de un minuto. Luego de vuelta a monitores, castigada en la camilla porque sentada no se captaba bien el latido… vuelta al dolor de espalda, el tensiómetro echándome pulsitos, el control de oxígeno en sangre. Pasó mucho rato, cambió mi compañera de box, llegó al fin el Sr. Díaz…

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Como a la una de la tarde ya se olía a comida por los pasillos, y a mi me prometieron una bandeja, porque ya me habían asignado habitación y podría pasar el resto del tiempo allí. Ellos estimaban que podía pasar un día entero hasta que empezase a dilatar… pero vamos, que en cuanto me subieron a la habitación (en una sección diferente a la de maternidad porque ése día el hospital estaba al completo por el babyboom de la luna llena) la cosa empezó a ponerse dolorosa. Es el dolor más horrible que puedo recordar hasta el momento. No podía estar de pie ni tumbada, sólo retorcerme de dolor… no paraba de pensar que ni uno más. Creo que estuvimos así una hora hasta que el Sr. Díaz no pudo aguantar más y llamó a las enfermeras. Tenía contracciones dolorosísimas cada minuto. Y reconozco que no me corté ni un pelo y gritaba y berreaba fuera de control porque era lo único que me hacía sentir mejor. Las graciosas de las enfermeras de planta llamaron a paritorio, pero tuvieron la cortesía de preguntar antes si ya no quería comer.

A ésas alturas ni hambre, ni sed, ni leches. Solo quería tener al bebé YA.

Me volvieron a reconocer y había dilatado 3cm y medio, todo estaba en marcha, y tras sacar el propex me asignaron un box de dilatación y me preguntaron si quería epidural… mi respuesta fue que si éso iba a seguir doliendo así, que dónde había que firmar.

El Nacimiento de SrtaDíaz: Monitores.

En medio de la semana 40 tenía programada una visita a mi Hospital para una sesión de monitores. Era miércoles, el Sr. Díaz me acompañaba desde la sala de espera [no lo dejaron pasar porque había overbooking de embarazadas y estábamos siendo monitorizadas en grupo] Todo fue bien al principio. Yo estaba bien, bebé se movía bien, nadie intentó pesarme… hasta que me tomaron la tensión y vieron que estaba alta.  Y éso que me había pasado media hora tumbada en una camilla [estaba bastante incómoda por no poder moverme en todo ése tiempo. Panza arriba no es una buena postura cuando tienes tanta barriga].

Yo recuerdo pedir permiso para quitarme las zapatillas, porque los pies me iban a explotar. También tuve complejo de famosa, porque me pareció pillar un par de veces a la chica de enfrente haciéndome fotos (lo digo por el flash, y porque cuando la miraba se escondía) casi la digo que si quería que le hiciese una foto yo a ella, pero me dio verguencilla. Seguramente todo era nuevo también para ella, y a lo que hacía fotos era a mi monitor, ya que yo veía el suyo y ella el mío.

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Me pasaron a consulta y nos hicieron una eco para comprobar que todo estaba bien. El bebé al parecer estaba muy grande [la ginecóloga se asombró del tamaño de su abdomen] y la nueva medida de tensión seguía alta. Hubo un tacto que corroboró que aún estaba todo verde, y la nueva tensión, otra vez dio alto.

Me explicaron que como el bebé era grande y todo estaba bien, era absurdo esperar más y que querían programarme la inducción para el viernes o el domingo (el Sr. Díaz eligió domingo) pero que las tensiones tan altas les preocupaban y que me pasase por urgencias para hacerme unos análisis y descartar otras cosas.

En la admisión de urgencias me midieron la tensión y se asustaron, me pasaron con mucha urgencia, bajaron silla de ruedas y me trasladaron hasta la planta 5 a través de pasillos y pasillos… en realidad yo ni estaba mareada ni nada, pero debieron pensar que la diferencia entre todas las tensiones que había tenido durante el embarazo y las de ése día si que eran preocupantes.

Pasé el resto del día en una camilla, enchufada a un tensiómetro que cada diez minutos me echaba un pulsito, y a un medidor de oxígeno. Si ya me dolía la espalda antes, mientras esperaba los resultados de los análisis de orina, tumbada y sin moverme durante al menos 4 horas, terminé bastante desesperada. Al pobre Sr. Díaz le tocó aguantar una buena dosis de hospital, supongo que ya empezó a ver lo que se le venía.

Cuando al fin llegaron los resultados, me desenchufaron, comprobaron que la tensión volvía a ser normal, pero vieron que los resultados arrojaban pérdida de proteínas y anemia, así que con todo el dolor de mi corazón, me adelantaron la inducción al viernes con la premisa de que me tomase la tensión frecuentemente y que si tenía de nuevo varias altas, que volviese a urgencias.

Así que me fui a casa, con un día de por medo para hacerme a la idea de que el bebé ya venía.