A veces pienso que no puedo…

Éste fin de semana la peque se lo pasó en grande jugando con otros niños, y así, yo también tuve un ratito para ponerme a estudiar. Me despisto con mucha facilidad y me está costando, a la vez  que me siento muy culpable por no poder prestarle toda la atención que ella me reclama.

Ésta vez la mañana la pasó jugando con sus amigos en un taller especial de arquitectura, donde montaron un muro de cajas y lo decoraron. Por supuesto, su color favorito no podía faltar.

Pero volviendo al tema estudios… es muy dificil concentrarse, y no digo ya estudiar cuando tienes que hacer la casa, estar atenta a cada uno de los miembros de la familia… y que encima no te ayuden en nada. A veces me pregunto si todo éste esfuerzo está valiendo para algo, si entienden que lo estoy intentando y todo son trabas.

O si realmente yo misma me pongo el veto y no impongo un poco de coordinación o exijo su participación en las tareas de casa para sabotear mi propia meta.

¿No estaré construyendo yo misma mi propio muro?

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¡No quiero ir!

Decía Mamá de gemelos en su blog que el periodo de adaptación es para los padres, y me pareció que era justo lo que yo pensaba. Los dos primeros días la he dejado en el cole con los ojos empañados y balbuceante ¡Pero qué tontorrona soy!

En realidad a SrtaDíaz no le ha costado nada ir. Días antes le expliqué que iría al cole de mayores, con algunos amigos nuevos y una profe nueva, pero que allí jugaría, pintaría y aprendería un montón de cosas. Me dio mucha penita dejarla allí, pero lo disimulé muy bien para que no lo notase.

Ella no ha llorado, ni se ha negado a ir en ningún momento. Salimos de casa cantando felices y por el camino, que es un poco más largo, siempre se nos ocurre una aventura nueva. ¡Es hasta pasteloso de leer! Sale del cole con las pilas cargadas, llena de abrazos y afónica de lo que charla (ella, que su abuela cree que es muda).

Es todo tan idílico y feliz que me siento mala madre por dentro. Porque no aguanto a las otras mamás mientras la espero. Lo falsas que me parecen (que cuando te necesitan te comen y si te cruzas con ellas por la calle eres transparente) y lo subido que lo tienen porque sus hijos son los mejores. No consigo integrarme y cada día es una pelea interior por sobrellevar los 15 minutos de espera (Sí, ya están allí incluso 15 minutos antes del gong).

No puedo ser más agonías y me puede la ansiedad cada día, dos veces por jornada. De hecho me llevo mejor con las mamás de la clase de al lado, una paria social total. Sé que es todo una tontería, pero…

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¡Yo no quiero ir al cole!

Pero desmotivaciones personales a parte, ella está feliz. Fueron primero dos horas, luego mezcla de grupo (al principio estaba solo media clase por turno) y ahora ya el horario completo. Cada día más mamás y más minipandis de cuelga trajes. Y yo, que cada día lo llevo peor.

¡Ahh! ¡Pero si ni tenemos grupo de wathsapp de lo orgullosas que somos! Cada una ya controla a sus amiguis y no necesita a nadie más.

Ahora dinero para material, dinero para la foto oficial de la clase, dinero para la excursión, fotos familiares para el proyecto de clase, libros de casa para la biblioteca de clase, lunes bocadillo, martes galletas, miércoles fruta, jueves yogur…

Y que vienen los mocos, no digo nada.

#MiércolesParlanchín: De papeleos y médicos.

Casi termina el miércoles y me doy cuenta de que no he escrito nada.

No tengo mis resúmenes diarios en la agenda, ni un post de la lista de pendientes, ni un e-mail que debo a alguien por ahí… nada.

Si la semana pasada fue visto y no visto, ésta está siendo pesada y lenta, pero retorcida. Médicos, papeleos, reuniones de madres, discusiones, desacuerdos, papeleos de nuevo.

Hoy para rematar una mitad de semana que cada vez pinta mejor, tocó una charla de Orientación Laboral que me entretuvo toda la mañana con algo que rozaba lo aburrido. Realmente una ruptura de la rutina que hubiera estado bien de no haber tenido a SrtaDíaz vomitando en casa de la abuela.

¡Y menos mal que en el último minuto la pudimos localizar! porque fue realmente cosa de minutos:

Venga vamos al cole‘ ‘Mami me duele mucho la tripa, vamos al médico‘ La abuela no contestaba el teléfono. Corriendo a su casa, aparece, la abraza, vomitona. ¡Uy, el autobús sale en 5 minutos!…

Me hubiése quedado en casa de buena gana.

PD. Siento que el #MiércolesParlanchín sea algo confuso…

Maniobra de Kristeller en el parto

Hemos estado en el hospital viendo al nuevo bebé de unos amigos. Es una niña preciosa, redondita y sonrosada.

A las cuatro de la mañana la mamá rompió aguas en casa y se fueron al hospital. A las tres de la tarde entraron en la sala de dilatación y a las nueve de la noche ya eran tres los que estaban en el paritorio (además del personal sanitario) dispuestos a pasar las primeras dos horas de la vida de la pequeña juntos. Mientras, en la sala de espera se arremolinaban familiares y amigos deseando saber algo de la nueva familia.

Nosotros fuimos dos días después, acompañándoles mientras esperaban el alta del bebé y escuchamos el relato de los padres, medio despistados (todos) por las sonrisas involuntarias del bebé.

El parto fue largo y doloroso, más de lo que ella esperaba, pero dice que se acordó de mi y de lo que yo le conté en su momento.

¡Es curioso pero yo lo había olvidado!

Al parecer la niña no quería salir. A la madre le costó dilatar a pesar de haber roto la bolsa y del tiempo que había pasado, y llegó un momento en el que estaba tan cansada que no tenía fuerzas para empujar y se quedaba a medias, a pesar de que la cabeza de la niña ya estaba fuera.

Me sorprendió la libertad que tubo durante el parto, pues pudo elegir postura (éso debería, pero no es siempre así), y pudo ponerse en un columpio incluso, hasta que encontró la forma más cómoda para ella. A pesar de todo usaron ventosa y la matrona le dijo que iba a apretarle la barriga desde arriba para ayudar.

Ahí fue cuando yo me escandalicé ¡Una maniobra de Kristeller!

He tenido que investigar un poco, yo tenía entendido que tal y como explican en éste artículo desde el parto es nuestro que no es recomendable.

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Pero te encuentras con que a pesar de todo en muchas otras webs, casi hasta justifican su empleo en la fase final del parto. En éste caso fue informado y consentido, pero ¡cuantas veces se habrá realizado sin preguntar! A mi desde luego me pone los pelos de punta. Te encuentras ahí después de muchas horas, sin fuerza y te dicen que es la única forma… ¿Y qué puedes hacer?

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Estoy enfadada.

-¡Hola Macarrilla!

Así nos saluda el padre de una amiga de la guardería. Yo me quedé rayada. He de confesar que no me sentó nada bien y como necesito desahogarme os voy a contar toda la historia:

Hace unos días SrtaDíaz sale de clase muy enfadada.
-Señorita me ha regañado -dice, muy contrariada, con el ceño fruncido y medio llorosa.
– ¡¿Pero qué ha pasado cariño?!
Le cuesta contármelo. De camino a casa comienza a relajarse y me lo va explicando por partes.
-Señorita me ha puesto a pensar.
-¿Y éso? ¿Qué ha pasado?
– He pegado a Nadia.
– ¡¿Cómo?! -Pregunto incrédula. SrtaDíaz no ha pegado antes a ningún otro niño. Ya os conté una vez que más bien suele recibir.
-¡Señorita me ha regañado! Lloraba Nadia.
– Te ha puesto a pensar…
– Sí.
– ¿Tu llorabas? ¿Quién a pegado a Nadia? ¿Te ha pegado ella a tí?
-Nadia quita juguete, Nadia empuja a SrtaDíaz. SrtaDíaz pega Nadia en la cara… -Lo cuenta triste, ofendida, escenificando. – ¡Juguete mío! ¡nooo!

SrtaDíaz es una niña muy tranquila.

Ella no va buscando pelea, siempre grita antes éso no se hace. El otro día parece ser que tuvo sus menos con una amiga. No quise darle más importancia pero me anoté la escena para recordar el momento en el que ante un suceso atípico, ella va haciendo memoria y consigue contarme lo que pasó. Al contarlo, ella lo vive, parece volver a enfadarse y se siente triste y pensé que es un gran paso que ya sea capaz de comunicarse así.

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En cualquier caso, le conté que son amigas y que no hay que pegar, que es mejor decir lo que pasa. Si tienes un juguete y otra niña lo quiere también dile que ahora lo tienes tu, por ejemplo.  Nos dijo la tutora una vez que es normal que aún no sepan expresarse y recurran a empujones y se sientan un poco frustrados ante una situación en la que algo que es suyo también lo quiere otro niño, pero que es una fase.

Pero pasan los días y que el padre me venga etiquetando a la niña, me ha sentado como una patada en mi orgullo maternal.

Muy señor mío,

¿No será más macarrilla tu hija que va quitando los juguetes a los otros niños? No, claro. Lo es la mía porque es más fuerte y al defenderse, le hizo llorar. Es SrtaDíaz quien no quiere quedarse en clase ahora porque Nadia le va a quitar los juguetes. Y soy yo quien tiene que aguantar el tipo al escuchar tu risita hipócrita.

Hacerse Limpia #OperaciónPañal

sraflecharosa15Según Google, Hacerse limpia puede consistir en Hacer una limpia de huevo o hacer limpias espirituales. No es lo que os vengo a contar, como habréis supuesto por el Hastag #OperaciónPañal del título del post.

sraflecharosa15Hacerse limpia, según SrDíaz y según éste entorno rural (y que conste que yo no lo había escuchado antes) es más o menos, controlar los esfínteres.

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fuente

De un día para otro, SrtaDíaz me dijo: Mamá tengo pis. Y no lloraba. Y no estaba mojada ni tenía un charco bajo los pies. No me lo creía y le pregunte: “¿Quieres ir al váter?”.

Como su respuesta fue afirmativa la cogí en brazos y mientras salía corriendo rumbo al excusado gritaba: “Aguanta, aguanta”.

Soy una Dramamamá, lo sé.

Ya me temía un nuevo festival de llantos y pataletas, pero no. Escuchamos, salió y aplaudí. Ella se puso muy feliz.

Y ése ha sido el principio de una nueva etapa. comenzó en la taza del váter, y ahora no le importa tampoco que sea en un orinal (recordad: El gran enemigo). Los choricillos ya no son un secreto. Nuestro próximo reto es en cuclillas en el campo, pero es algo que prefiero no pensar de momento.

Cuando se lo dijimos, SrDíaz se puso muy contento y también montó fiesta: “¡Qué bien, mi niña, qué mayor que ya se ha hecho limpia!”

Y ésa es la historia. No os voy a negar que de vez en cuando hay alguna sorpresa pero… no pasa nada.

La barriga y el babyboom.

No lo puedo creer. A veces me muero de ganas por tener un segundo bebé.

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SÍ.

A pesar de las molestias del embarazo, a pesar del dolor terrible del parto, de las noches en vela, las cacas apestosas y las rabietas.

Éste verano la vida y tanto amigas como conocidas, me han bombardeado con un montón de sorpresas de  mamás que volverían a serlo, nuevas mamás e incluso futuras trimadres. Tanta tripita feliz me ha bajado las defensas: los bombos se contagian de unas a otras, la cosa se extiende… hormonas, florecillas, mariposas.

No lo puedo creer. Estoy loca: Yo también quiero.

Quiero y a la vez no quiero, no sé si me entendéis… estoy muy feliz con la familia tal y como es ahora y me dan mucho miedo los cambios, pero tengo claro que ser hija única no mola nada, ni para lo bueno ni para lo malo.

Luego están los pocos recursos económicos, los miedos, el ¿seré capaz? y las dudas vuelven de nuevo. Un día quiero, otro día me asusta la idea. Si siempre he sido una indecisa con patas, ahora ni os cuento. Quizá debería hacer un listado de pros y contras. No sé…

¿Abrimos la temporada de caza?

26 Meses de lactancia. #laslocurasdesradiaz

Lo sé, siempre estoy igual pero aquí seguimos, muy juntitas. Cada X tiempo tenemos una nueva crisis de lactancia que desde mi punto de vista marca el final de una etapa y que realmente no lo es. No debía haber leído ése meme de las últimas veces, al final sientes la añoranza antes de que ocurra…

Sí, hoy vamos a hablar de tetas. No sigas leyendo si eres sensible. Éstas son de picjumbo, las mías tienen menos glamur.

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Un día a la hora de la merienda, Srta díaz pide su teta… La chupa y se quita. La mira y frunce el ceño mientras dice: rara. Se queda mirando los tubérculos de Montgomery. No me acuerdo si últimamente estaban ahí, pero recuerdo perfectamente los primeros meses de lactancia en los que sí estaban… Me miro el otro pecho y no los tiene ya. Ella sigue con el ceño fruncido y su rara, rara en la boca… Le ofrezco el otro y seguimos sin problema.

He leído sobre el tema y normalmente están ahí hasta que finaliza la lactancia. Además, aumentan de tamaño al estar más estimulados, así que es posible que estén ahí simplemente porque ésa sea su merienda favorita y el resto es simplemente coincidencia.

Al día siguiente, a la misma hora, se pone a su teta (la misma), y dice: no sale. Me mira frustrada. Cambia la postura y se engancha de forma normal.

Han pasado varios días desde éstos sucesos paranormales y todo ha vuelto a su rutina pero yo me siento extraña ¿Se acerca su fin nuestra lactancia? ¿Es una rallada mía? Sabréis más en próximas entregas de Las locuras de Sra Díaz.

Tetita de mami

Vamos a cumplir dos años juntas, y mi niña todavía toma pecho.

Hace más de seis meses fue nuestra última crisis: Ella parecía querer cada vez menos pecho y yo pensé que tenía los días contados… pero remontó y sigue tomando. Y toma mucho si estamos en casa, cuando salimos parece que se le olvida un poco.

En un principio pide teta para dormir y al despertarse (sobretodo al despertarse) por la noche y en la siesta de la tarde. Cuando se cae, cuando está triste, cuando juega mucho y tiene sed…

Pero también pide agua, y zumo. Y después de su ración de pecho por las mañanas, ha empezado a pedir leche, seguramente imitándome a mi mientras desayuno. Se bebe medio vasito. Creo que ahora sí que vamos a empezar a dejar la teta, pero ojo, que yo no se la voy a quitar, y por supuesto, pienso seguir ofreciéndosela si no hay nada que lo impida. Cuando estuve estudiando de mañana, antes de irme a clase tomaba un poco dormida, y luego con su padre desayunaba un poco de leche. Cuando terminé mis prácticas ella volvió a sus rutinas conmigo y dejó de pedir su leche de vaca.

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Creo que el destete debe ser respetuoso: Si ella y yo queremos y hasta que una de las dos no pueda o quiera más. Tengo que ir concienciándome, porque SrtaDíaz no va a ser un bebé siempre. Pero también tengo que ser fuerte porque aunque a mi me gusta y sé que le hace bien, hay gente, sobre todo de un entorno cercano, que empieza a ponerse pesada con que ya es mayor y con que lo deje.

Una de las escusas que pone mi madre es el pecho le sacia y come menos comida.

No soy una radical de la teta, pero si quiere leche de mami ¿Por qué se la voy a quitar? ¿Le hace daño? ¿Le alimenta menos que la de vaca? ¿Le hace más dependiente de mí? Creo que hemos demostrado que no. Si por cualquier tema en un pasado hubiésemos cambiado a biberón no tendríamos éste acoso, y seguramente estaría igual de sana, pero…

Nos gusta la teta y punto.

¡Dejadnos en paz!