Lactancia Materna: SrtaDíaz eligió tetamen.

Hace mucho que no os hablo sobre mi lactancia. Hoy me he despertado con la impresión de que ésta época se termina y me he sentido triste. No es que la peque deje de querer todavía, pero es el momento de empezar en serio con la Alimentación Complementaria y éso significa que mi cordón umbilical psicológico se va a empezar a romper un poquito más para dar paso a la independencia de SrtaDíaz.

ombligoÉste es el cordón umbilical real, que se cayó a los 20 días.

Ya os conté aquí cómo fue elegí tetamen, pero no os había contado nada sobre ésos primeros días…

Después del primer abrazo a la peque tras mi llegada de la sala de reanimación, la enfermera y la matrona pidieron a las visitas que se fueran y me preguntaron si quería dar el pecho. Como mi respuesta fue afirmativa, tras revisar que tenía calostro (y al parecer en buena cantidad) me ayudaron a ponerme de lado y a coger el pezón como de pellizco para que Srta Díaz se enganchara bien… y así fue. No os lo puedo describir, pero imaginad que sentí que aquello era algo completamente mágico. Estabamos tumbadas ambas en la cama, sentía su cuerpo calentito y la miraba asombrada de que con unas horas de vida ya supiese lo que tenía que hacer.

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Ésa noche la pasé regular. Recién cosida, y con el runrun de las enfermeras ‘no dejes pasar más de tres horas‘ ‘Diez minutos mínimo a cada pecho‘ ‘Despiértala si se duerme‘. Estar de lado ya me dolía una barbaridad, pero encima estar despertando a la peque y obligándola a comer cuando lo que queríamos las dos era dormir era un pequeño suplici. Al día siguiente me dolían los pezones cosa fina.

Empecé a pensar en las pezoneras. Afortunadamente me quitaron la vía y la sonda y me pude incorporar. Debo reconocer que no me dolían, pero me apetecía moverme y ducharme. La siguiente postura que me recomendaron fue el balón de rugby y ésa sí que triunfó. De todas formas, entre las visitas, que yo aún no me apañaba y el pudor que aún no me había quitado a las miradas ajenas pasé bastantes malos ratos ése día.

Al segundo día la peque vomitó dos veces, y parecía no querer el pecho. Hubiése sido muy fácil abandonar… pero insistí. Las enfermeras se llevaron a la peque y resultó que tenía el estómago lleno: no había hecho su primera caca todavía y tenía un gran atasco. La limpiaron y terminaron todas nuestras incopatibilidades durante la estancia en el hospital.

Imagen vista en Bialactis

Los primeros días allí me sentí muy torpe, SrDíaz fué quién se encargó de los primeros pañales, el primer body, el primer baño… mientras yo me debatía entre las hormonas y los mil y un consejos que la gente me daba y que ahora sé que no debería haber escuchado. Ánimo a todas las futuras mamás, no es tan difícil como parece, sólo hay que escuchar al instinto y tener paciencia porque el bebé y vosotras iréis aprendiendo sobre la marcha. Y si te sientes mal, es totalmente comprensible ¡hay muchas hormonas revueltas en ésos momentos!

Una noche SrtaDíaz lloraba desconsolada y SrDíaz dijo que le pusieramos el chupete, pues lloré yo también pensando que era una mala madre que no sabía darle a mi bebé lo que quería y que por culpa del chupete ella no volvería a querer el pecho. Me daba pena de que todo el mundo la abrazase y yo no… pero ésa ya es otra historia, que quizá deba ser contada junto a la subida de la leche y las primeras crisis de lactancia. Porque las hubo, pero ahora pienso que es lo mejor que nosotras pudimos hacer.

A pesar de todo, la SrtaDíaz con horas de vida y la SrtaDíaz de 6 meses han preferido teta a chupete o biberón. Se engancha perfectamente incluso a oscuras porque no les hace falta ver… ¡tienen súperolfato!

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El Nacimiento de SrtaDíaz: Parto.

Hoy que hace un mes que la peque está con nosotros como personita independiente, creo que finalmente voy a terminar con toda ésta cantidad de recuerdos que dan vueltas por mi cabeza. Después de la sesión de monitores y la inducción que ya os conté ésta es la parte que más sensible me pone…

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Al firmar para que me pusieran la epidural, poner mi huella en la hoja en la que luego pondrían el piececito del bebé y tomar posesión de ésa sala de dilatación/paritorio pensé que me sentiría mejor, pero casi ni pude tenerme en pié mientras me duchaba, de puro dolor. Recuerdo que en las últimas dos semanas no me había separado del reloj porque quería saber exactamente a qué hora nacía el bebé, pero en ése momento me quité todo y lo dejé medio tirado en el lavabo. Enseguida vino el anestesista y entre él y el enfermero me explicaron de qué iba todo, que no me moviese mucho, que avisase si me venía una contracción…

Uno de mis grandes miedos con respecto al parto, después del dolor (y de ése ya tenía mi dosis) era el momento en el que me pondrían la epidural. La verdad es que no fue tan terrible. El anestesista era muy cariñoso, me avisó al poner la anestesia local, y aunque dolió un poco a la hora de poner el catéter y a la hora de volver a empezar (hubo dos intentos) no estaba siendo tan terrible como yo había imaginado. Ellos hablaron todo el rato intentando distraerme.

Llegados a éste punto y habría preferido poder andar por la habitación, botar en la pelota de pilates y hacer mil fotos… pero nada es como se imagina. Me tenían que poner el antibiótico (por el positivo en estreptococo), tenía que estar tumbada por la epi, y mi madre se había hecho la disimulada y me había requisado el móvil. Además ¡qué demonios! Éso no dejaba de doler y no tenía el chichi para farolillos.

Pasó un rato largo y yo seguía rabiando de dolor. Habían subido la dosis de epidural, o dado un nuevo nosequé para ver si me llegaba pero nada… Al final debieron apiadarse de mi, porque la matrona volvió a preguntarme que exactamente dónde me dolía y si sentía algo dormido. O a lo mejor se asustó de lo quejica que estaba siendo. Yo le dije que podía mover las piernas perfectamente, que la izquierda la notaba algo acolchada, pero que a la altura de dónde alguna vez debería estar el riñón derecho seguía notando ése horrible dolor… y a ella se le ocurrió que quizá tenía algo en la cadera que no dejaba llegar bien el efecto analgésico, y me dejaron obligaron a ponerme de lado… ¡y mano de santo! Durante una hora estuve tranquila, relajada y sin dolores. El Sr. Díaz salió a comer, cuando volvió le pedí que hiciese alguna foto (salgo tan horrible que por supuesto no lo compartiré) y aquello se hizo más soportable.

IMG-20140612-WA0008Ésta es la cunita que estaba esperando a que el bebé llegase, con su body, su gorrito, su pañal y todo lo necesario para un primer vistazo rápido al recién nacido por parte de las matronas.

El Sr. Díaz pudo estar en todo momento conmigo menos en el pinchazo. Fue un gran apoyo y me alegro que estuviese ahí, cuidándome. No tuve plan de parto y en ningún momento me ofrecieron enema, ni ocurrió nada raro, ni me depilaron con una cuchilla horrible como he leído en algunas crónicas de partos por internet. Todo el mundo me trató muy bien, e incluso en la reanimación del postparto. En todo momento me sentí respetada, y es algo que veo muy positivo del hospital que nos tocó (aunque podrían haberse dado cuenta antes de que tenía que estar tumbada de lado).

Pero entonces se despertó un dolor nuevo. Me dolía el culo, volví a notar cada contracción. La matrona tenía mucho jaleo, pero tras explorarme dijo que estábamos de 7 y medio, y que si quería podía empezar a empujar por mi cuenta cada vez que tuviese una contracción. Volvió ése dolor tan fuerte y el Sr. Díaz, que había visto muchas películas, me dio la mano y me dijo que le apretase todo lo que quisiese… ¡el pobre!

Rompí aguas y desde ése momento todos mis recuerdos están algo difusos. Volví a gritar de dolor. La matrona y un enfermero transformaron la cama en un visto y no visto y allí que estaba yo empujando. El Sr. Díaz decía que estaba muy orgulloso de mi, que lo hacía muy bien (¡Qué va a decir el papá de la criatura!). Empujamos, y empujamos, la matrona me animaba, empujamos de nuevo, una y otra vez.

El dolor en el culete resultó ser porque la peque tenía la cabeza colocada al revés y apretaba en la parte baja de la columna en cada contracción. Pero ése no fue el único problema. Al parecer la placenta estaba muy alta, el cordón se enrolló no sé dónde y por mucho que empujaba el bebé no bajaba nada. En un momento la sala se llenó de gente, las dos matronas, las dos ginecólogas, los enfermeros, el anestesista… Tras la exploración, una de las gines me dijo que ahí empezaba a haber sufrimiento fetal, y que sin más remedio íbamos a tener una cesárea de urgencia.

¡Fue un susto terrible! Ver la cara pálida del Sr. Díaz, a todos preocupados diciendo: <<Vamos, vamos>>.

¿Sabéis las series de médicos? Me taparon con una sábana un poco y en la misma cama rodeada de gente empecé a ver luces, pasillos, puertas, todo en una gran carrera hasta el quirófano. Ayudé a cambiarme de camilla con las piernas (seguía sintiendo todo) y me preguntaron qué cuánto llevaba sin comer. Dije que desde el desayuno y mientras decían que me dormirían un poco y me ponían el oxígeno dejé de estar asustada para entrar en un sueño profundo.

Desperté a las dos horas en la sala de reanimación, pero me tuvieron allí otra hora más porque había tenido una hemorragia muy fuerte. Volví a dormirme, sin ganas de nada mientras me ponían cosas en el goteo, mantas, una especie de tubo por el que salía aire caliente (estaba helada). Escuché entre sueños que el bebé estaba bien, que me habían sacado también un mioma y que tendría que esperar un poco más allí.

No sentí dolor, estaba en una nube, aislada del mundo real. En cierto modo me vi tranquila, porque a principios del embarazo lo soñé, lo había olvidado pero soñé que todo terminaría así con mioma incluido, a pesar de que no lo habían visto en ninguna de las revisiones anteriores. Suena extraño, pero entre el mar de drogas que tendría encima en ése momento, una parte de mi no podía parar de repetir: <<lo sabia>> en tono extrañamente triunfal.

Lo único que me pesa es que la peque nació con hipotermia y la llevaron rápidamente a neonatos. No pudo hacer el famoso piel con piel ni conmigo ni con el papá, y pasó un mal rato ella sola en la incubadora hasta que la llevaron a la habitación. Por supuesto, todo el mundo la vio antes que yo.

Mi pobre pequeñina que lloraba desconsolada al sentirse sola, y a la que no pudieron ni poner la pulserita con el nombre porque tenía la piel tan fría que se le escurría. El Sr. Díaz dice que tardamos 5 minutos en salir del quirófano, cada una por un lado y que se asustó porque no sabía a quién seguir.

Pero todo éso ya pasó. Antes del cambio de turno, las dos ginecólogas pasaron a verme, me preguntaron que si tenía alguna duda, que el bebé estaba bien, 3820g (y yo aún con la duda de si sería niña) y me explicaron más o menos la urgencia de la cesárea. No quise saber ni cuántos puntos tenía ni nada. Ya lo vería.

Todo el camino hasta la habitación estuve muy nerviosa, mirando al techo desde mi cama. Cuando llegamos allí estaba mi madre con dos de mis cuñadas, y la peque en su cunita transparente… tan grande, tan rosada, tan preciosa…

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Comienza una nueva temporada

Últimamente estoy muy cansada, y sin ganas de hacer nada, pero nada… nada. Pero es lo que tiene, comienza una nueva temporada, otra época que me toca vivir llena de sorpresas… y los cambios cuestan, es inevitable.

Tengo pendientes varias entradas, que no sé si llegaré a publicar, porque me conozco y al final me engancho en lo último y voy aparcando temas. Porque claro, yo quería terminar con los síntomas de la última semana de embarazo, y con los horribles dolores del parto, pero el tiempo es un sedante muy bueno que encima hace olvidar… Apunto como pendientes:

  • Semana 40 de embarazo.
  • Parto.
  • Primera semana Post-parto.
  • Papeleo

Al final el bebé SÍ que fue niña. El parto inducido, porque ella estaba muy grande y yo comenzaba con anemia y preclampsia, y a pesar de que es un bebé dormilón de día, nos ha cogido el truco y por las noches no nos deja pegar ojo, por lo que me paso el día dormitando sin ganas por los rincones.

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También me noto un poco bajeras de ánimos. Paso el día sola, y cuando el Sr. Díaz llega a casa es el plan de: Baño-cena-cacas-teta-dormir… y los fines de semana se me llena la casa de visitas que gritan, piden cafés (mínimo) y no tienen horario de partida.

El domingo pasado me trajeron a casa un niño que había pasado dos días con 40 de fiebre y placas. Y tras mas de cuatro horas la visita de ocho personas en un salón minúsculo hablando todos a la vez y a cada momento subiendo la voz… llegó un momento en el que yo sólo quería huir. Se lo traté de explicar al Sr. Díaz pero no lo entendía. Y no importaba lo cansada que yo pareciese, que cada vez que alguien comentaba de irse, él decía: ‘No os preocupéis, os podéis quedar‘.